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Un acuerdo entre quienes venimos a Fraccctal sobre cómo queremos tratarnos.
No escribimos este texto pensando en un conflicto que ya ocurrió, sino en uno que queremos que nunca haga falta resolver. Fraccctal reúne cuerpos, historias e incomodidades distintas en una misma sala. Eso solo funciona si de antemano sabemos qué cuidamos y qué no estamos dispuestas a soltar.
Esto no es un reglamento interno redactado por un departamento de recursos humanos que nadie lee. Es un acuerdo entre quienes venimos —fundadoras, talleristas, colaboradoras, cada persona que cruza la puerta de un encuentro— sobre cómo queremos tratarnos.
A todas: a quien organiza, a quien facilita un taller, a quien asiste por primera vez, a quien lleva un año viniendo. No hay una categoría de personas exentas de esto, ni siquiera las fundadoras.
El consentimiento no se asume, se pregunta. En los encuentros de expresión corporal nadie toca ni es tocada sin que lo haya dicho en voz alta, en ese momento, no en una inscripción firmada semanas antes. Un cuerpo puede decir que sí el martes y que no el jueves; ese cambio no se explica ni se justifica.
Lo que se comparte en la sala, se queda en la sala. Nadie repite fuera lo que otra persona contó dentro, ni con nombre ni sin él, salvo que esa persona lo autorice explícitamente. La confianza es la materia prima de lo que hacemos; sin ella no hay encuentro, solo una actividad más.
Nadie está obligada a explicarse. Se puede llegar, quedarse en el borde del círculo, no hablar, salir antes de tiempo. La participación plena no es requisito para pertenecer.
Los cuerpos son distintos y esa diferencia no se comenta sin permiso. Edad, movilidad, género, tamaño: no son temas de conversación abierta a menos que la persona los traiga ella misma.
El desacuerdo cabe. Discrepar de una idea, de un ejercicio, de cómo se llevó un taller, no es una falta. Se puede decir sin miedo a que se lea como hostilidad.
No hay lugar para el acoso, en ninguna de sus formas —verbal, físico, sostenido en el tiempo o de una sola vez—. No hay lugar para el trato discriminatorio por origen, religión, orientación, identidad de género, discapacidad o cualquier otra condición. No hay lugar para grabar o fotografiar a otra persona sin su permiso explícito, ni para usar un encuentro como plataforma de venta o proselitismo no acordado con la organización.
Tampoco hay lugar para presionar a nadie a participar de un ejercicio corporal o a compartir algo que prefiere callar. Insistir después de un no es, en sí mismo, la falta.
Si en un encuentro se toman fotos para redes o para la Substack, se avisa antes de empezar y se ofrece la posibilidad de no aparecer. Nadie se entera después de que su imagen ya circula.
Fraccctal también vive en nuestro espacio de comunidad digital, donde además de compartir en el grupo se puede escribir a otra persona en privado, sin testigos. Esa posibilidad es valiosa —sirve para acercarse, para preguntar algo que da vergüenza preguntar delante de todas— y por eso mismo pide más cuidado, no menos.
Usarla con conciencia significa: no insistir si un mensaje no tiene respuesta, no convertir lo privado en el lugar donde se dice lo que no se animaría a decir en la sala, y no usarlo para presionar, cortejar sin permiso o evadir algo que el grupo ya acordó entre todas. Un mensaje privado no es un espacio sin reglas. Es el mismo círculo, solo que sin testigos, y ahí también rige todo lo anterior.
Cualquier persona que sienta que algo de esto no se cumplió puede escribir directamente a fraccctal.contact@gmail.com. Se lee, se responde, y se conversa con discreción —no se convierte en tema del grupo sin el consentimiento de quien lo trajo—.
Según la gravedad, la respuesta puede ir desde una conversación hasta pedirle a una persona que no vuelva a un encuentro o, si corresponde, iniciar el procedimiento de baja como socia que prevén los Estatutos. Ninguna medida se toma sin antes escuchar a las dos partes.
Fraccctal se reserva el derecho de admisión a sus encuentros —presenciales y en el espacio digital— en función del cumplimiento de este código. Esto no es una amenaza ni una letra pequeña: es la forma en que sostenemos, entre todas, que el espacio siga siendo uno en el que valga la pena confiar.
Quien lo incumpla de forma grave o reiterada puede ver restringida o suspendida su participación, de manera temporal o definitiva, sin que eso implique un juicio sobre su persona más allá de lo ocurrido concretamente.
Este código no busca controlar la sala. Busca que cuando entres, no tengas que preguntarte si estás segura de estar ahí. Esa pregunta ya la respondimos nosotras, para que tú puedas ocuparte de las que realmente importan.